martes, 7 de octubre de 2008

treinta y ...


Ayer fue el cumpleaños de Loreto, ha cumplido 31 y eso quiere decir que “cuando ves las barbas de tu vecino cortar pon las tuyas a remojar”. Siempre en su cumpleaños pienso que el mío ya viene. Son seis meses de diferencia, un dato significativo. Solo me queda la mitad de la edad que ahora tengo. La verdad es que ahora ya hemos superado la barrera de los treinta, esa temible cuando tienes veinte y no tan importante ahora. Cumplir treinta y... te hace una mujer interesante, dicen es una buena edad. Para mi cualquiera lo es, pero analizándote con cierta objetividad, toda la que una misma puede, me gusta cumplir años. Los balances son positivos. Siempre he sido una persona a la que le han atraído las situaciones límites. He esperado hasta el último día para estudiar exámenes, me he lanzado en el último momento a contar aquello que andaba pensando o haciendo hacia días. Me muevo bien en situación críticas (si no me tocan demasiado el corazón) e incluso me atrae el riesgo. Soy una persona temperamental. Siempre me han gustado las personas que estaban en los extremos, que tenían algo oscuro o las situaciones que entrañaban riesgo. Ahora con treinta y… empiezo a deshacerme de todo eso. Me ha ayudado a conocer lo bueno y lo malo de cada persona que me he encontrado, me ha ayudado a desarrollar un cierto equilibrio para ir por la cuerda floja, pero tanto ejercicio agota. Pero no me ha permitido dar oportunidad a personas que quizás lo merecían, profundizar con quien se equivoca o vivir algunas situaciones con cierta distancia. Todo vale cuando te encuentras al mundo delante pero quizás las gafas me las tenían que haber puesto antes, quizás hubiera mirado más de cerca los detalles y no me habría fijado tanto en cómo se acerca una persona hacia ti para identificarla. A lo hecho pecho. Con los treinta y … intentare aportar esa tranquilidad de la que empiezo a disfrutar, empezare a disfrutar de los pequeños detalles y me graduare la vista cada año.