
Me gusta pensar que el dolor es pasajero, nunca he querido regozijarme en él aunque muchas veces he tenido la tentación. Tentación de abandonarme como se abandonan tantas personas. Ganas de olvidar la responsabilidad que asumo ante las cosas, la rigidez que me obliga a mirar lo bueno y positivo, la que no me deja continuar llorando. Me veo guapa en las fotos cuando sonrío, me gusta disfrutar, reír, soñar, compartir momentos con los demás. Que mi espejo sea la felicidad es mi objetivo. Y después de decidir que ese era mi objetivo, de abandonar lo malo y empezar lo bueno, todo giró. El circulo se convirtió en espiral y no acaba nunca..... Tengo ganas de acabar de bajar las escaleras y coger el ascensor al ático. Sé que cuando este en el sótano un perfecto ascensor lleno de espejos me esperara con un único camino. SUBIR, SUBIR, SUBIR Y SUBIR. Entonces no dejare de sonreír, todo el ascensor se llenara de mi sonrisa. Los primeros pisos se quedaran atrás parpadeando y llegare mas arriba que donde empecé. Quizás el 7 piso sea el adecuado pero siempre me ha gustado el 8. Intentare llegar al 8 y me asomare al balcón. Veré todo pequeñito y reconoceré cada rincón del paisaje al que he pertenecido desde la distancia. Serán hormiguitas las personas que deje atrás y las situaciones que abandone.
Quiero subir en el ascensor, esta escalera no acaba nunca. Quiero cerrar el circulo que empecé a dibujar cuando estaba en el segundo piso.

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